«A pesar de lo devastador de la enfermedad, poco a poco me hago amiga de mi ‘lobo’»
Alicia (nombre ficticio) llegó a su casa y de golpe se desmayó. Fue el primer indicio de que su propio cuerpo conspiraba contra ella. Sus órganos empezaron a fallar: la médula, los pulmones, el corazón… Extenuada y débil, bajó muy rápido de peso y empezó a perder visión; se le caía el pelo y le salió una erupción en la piel. «Tras un mes y medio de pruebas y de haberlo confundido con otras enfermedades, llegó el diagnóstico: lupus eritematoso sistémico». Alejandra tenía un brote severo, pero llevaba arrastrándolo, sin saberlo, desde hacía años. «Entonces tenía 21 y quería comerme…
