domingo, mayo 26

Ser vegetariano depende, en parte, de tus genes

Para ser vegetariano no basta con querer, los genes también cuentan. Lo sugiere una investigación que se publica en ‘PLoS One’ que ha identificado ciertas variaciones en los genes implicados en el metabolismo de los lípidos y la función cerebral que pueden estar asociadas con la elección de una dieta vegetariana.

Muchas de las personas que desean seguir una dieta vegetariana no pueden hacerlo, señala a ABC Salud Nabeel R. Yaseen, coordinador de la investigación y profesor de la Universidad Northwestern de Chicago (EE.UU.). «Estudios previos han demostrado que una gran proporción de personas que se autoidentifican como vegetarianas en realidad declaran consumir productos cárnicos cuando responden a cuestionarios detallados. Ahora, al identifica algunos genes que están significativamente asociados con el vegetarianismo, «nuestros datos sugieren que la genética puede ser parte de esta situación».

Algunas personas deciden seguir una dieta vegetariana por diversas razones religiosas, éticas, ambientales y relacionadas con la salud. Las elecciones dietéticas de una persona también pueden implicar una combinación de gustos personales, su metabolismo y los efectos de diferentes alimentos en el cuerpo. Todos estos factores están fuertemente influenciados por la genética, pero no se comprende bien el papel de los genes de una persona en la elección de una dieta vegetariana.

El equipo de Yaseen ha llevado a cabo un análisis de asociación de todo el genoma en el que examinaron miles de genomas para identificar variaciones genéticas relacionadas con el hecho de ser vegetariano.

Así, compararon los genomas de 5.324 personas vegetarianas estrictos con los de 329.455 no vegetarianas que participan en el Biobanco del Reino Unido.

« Definimos a un vegetariano estricto como alguien que no había consumido ningún producto cárnico durante al menos un año, y definimos la carne como cualquier producto de carne animal, incluyendo marisco, pescado, aves, cerdo, cordero, ternera, etc. Según nuestra definición, los vegetarianos estrictos pueden ser veganos puros o consumir huevos y/o lácteos», aclara Yaseen.

En total se identificaron variantes asociadas con 34 genes que pueden contribuir a elegir una dieta vegetariana. Y, algunos de estos genes tienen funciones importantes en el metabolismo de los lípidos y la función cerebral, lo que plantea la posibilidad de que las diferencias en la forma en que el cuerpo procesa los lípidos y los efectos resultantes en el cerebro puedan ser la base de la capacidad y la elección de subsistir con una dieta vegetariana.

Simple especulación

Al analizar lo que se sabe sobre estos genes, explica este experto, «especulamos que la capacidad de seguir una dieta vegetariana estricta puede estar relacionada con el metabolismo de los lípidos y sus efectos sobre la función cerebral».

Así, añade, «una posibilidad es que la carne contenga nutriente(s) lípido(s) que las personas genéticamente predispuestas al vegetarianismo sean capaces de sintetizar endógenamente, mientras que otras necesiten obtenerlos de una dieta que contenga carne. Sin embargo, esto es pura especulación en este momento».

Para Vicente Javier Clemente, profesor de Nutrición y Entrenamiento de la Universidad Europea, «el estudio sugiere que hay diferencias en la capacidad individual para adaptarse a una dieta vegetariana, particularmente en lo que respecta al metabolismo de los lípidos y posiblemente la función cerebral. Aunque la noción de que la genética pueda influir en nuestras preferencias y elecciones dietéticas no es nueva, este estudio proporciona un acercamiento más profundo y específico a loci genéticos que podrían estar involucrados en la adopción de una dieta vegetariana».

Lo cierto es que estos resultados se suman a las investigaciones existentes que apuntan a un papel de la genética en las elecciones dietéticas.

No obstante, los autores de la investigación señalan que una mejor comprensión de estas vías puede ayudar a los nutricionistas a diseñar recomendaciones dietéticas más efectivas basadas en la genética individual de una persona.

Para Clemente, la interpretación de que «no todas las personas pueden ser vegetarianas aunque lo deseen puede ser un poco prematura basada en estos resultados».

Aunque la genética puede jugar un papel, explica, «la capacidad de adoptar una dieta vegetariana también puede ser fuertemente influenciada por factores ambientales, psicológicos, y sociales. En consecuencia, si bien algunas personas pueden tener predisposiciones genéticas que les faciliten seguir una dieta vegetariana, la elección de adoptar este estilo de vida puede aún estar al alcance de la mayoría de las personas, siempre y cuando se tenga en cuenta una planificación dietética adecuada y se gestionen de manera óptima los posibles desafíos nutricionales que puedan surgir».

Este estudio aporta una perspectiva fascinante sobre cómo la genética podría influir en la adaptabilidad o preferencia hacia una dieta vegetariana

Vicente Javier Clemente

Universidad Europea

Sin embargo, asegura, «es vital destacar que, a pesar de nuestras raíces evolutivas, la adaptabilidad humana también se refleja en nuestra capacidad para sobrevivir y prosperar con una variedad de patrones dietéticos, bajo diferentes circunstancias y preferencias personales. La elección de una dieta, ya sea omnívora, vegetariana o vegana, es multifacética, influenciada por factores biológicos, ambientales, éticos, y culturales».

Clemente concluye que este estudio aporta una perspectiva fascinante sobre cómo la genética podría influir en la adaptabilidad o preferencia hacia una dieta vegetariana. Aun así, queda mucho por explorar en cuanto a cómo estos factores genéticos interactúan con nuestro entorno moderno y nuestras elecciones alimenticias actuales, enriqueciendo así el tapiz de nuestra comprensión sobre la dieta y la nutrición humanas.

Implicaciones clínicas

Comprender los factores genéticos que influyen en las elecciones dietéticas como el vegetarianismo puede tener implicaciones prácticas, apunta a Science Media CentreJosé M. Ordovás, director de Nutrición y Genómica en la Universidad Tufts de Boston (EE.UU.). Por ejemplo, «conocer las predisposiciones genéticas de uno podría permitir recomendaciones dietéticas mejor adaptadas, lo que podría conducir a mejores resultados de salud».

También tendría implicaciones clínicas, «dado que algunos de los genes están relacionados con trastornos neurológicos y rendimiento cognitivo, más investigaciones podrían conducir a una comprensión más profunda de cómo la dieta y el metabolismo influyen en estas condiciones».

Por último, añade Ordovás, facilitaría posible intervenciones ya que «si ciertos factores genéticos predisponen a las personas a una dieta vegetariana o viceversa, se pueden diseñar intervenciones para ayudar a quienes puedan enfrentar problemas de salud debido a sus preferencias dietéticas».

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *