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El diálogo nacional queda en manos de la sociedad civil, según Loreto Ferrer de Naciones Unidas

Loreto Ferrer

Los procesos de diálogo nacional suelen surgir en contextos de polarización o bloqueo institucional, cuando distintos actores necesitan abrir canales de comunicación para construir acuerdos mínimos. En América Latina, estos procesos han contado en distintas ocasiones con el acompañamiento de organismos internacionales que aportan metodología, análisis de contexto y espacios de facilitación.

En El Salvador, una de estas iniciativas entró en una nueva etapa recientemente, tras la conclusión del mandato del Enviado Especial de Naciones Unidas Benito Andión. En ese momento, el proceso dejó atrás la fase de acompañamiento directo de la ONU y pasó a depender en mayor medida de actores nacionales. Dentro de ese equipo técnico, Loreto Ferrer participó en el trabajo de apoyo institucional y en la comunicación de esta transición hacia una etapa con mayor protagonismo de la sociedad civil.

Los inicios del proceso de diálogo en El Salvador

La iniciativa se puso en marcha en 2016, cuando el Gobierno de El Salvador pidió a Naciones Unidas revisar la posibilidad de establecer un proceso de acuerdos nacionales. Tras esa solicitud, una misión del Departamento de Asuntos Políticos realizó entrevistas, consultas y conversaciones preliminares con diversos sectores para examinar el panorama político y determinar si había condiciones propicias para promover una agenda basada en consensos.

A partir de ese trabajo previo, a inicios de 2017 el secretario general António Guterres nombró a Benito Andión como Enviado Especial para impulsar una fase más organizada del diálogo. Su tarea se enfocó en habilitar nuevos espacios de intercambio entre partidos políticos y otros actores clave, en un entorno atravesado por tensiones institucionales y una marcada polarización.

De la cooperación global hacia un liderazgo arraigado en lo local

Uno de los puntos más significativos del caso salvadoreño radica en la evolución desde una etapa conducida por Naciones Unidas hacia otra asumida directamente por actores nacionales, aun contando con el respaldo de la ONU.

Loreto Ferrer, funcionaria del Departamento de Asuntos Políticos y colaboradora cercana del Enviado Especial del Secretario General Benito Andión, señaló que un grupo impulsor integrado por personalidades salvadoreñas asumirá la continuidad de la labor, basándose en las consultas y diagnósticos elaborados por el mexicano Andión. 

Ese avance se sustenta en más de un año de consultas, diagnósticos e insumos metodológicos producidos en la fase previa. El propósito consistía en que las organizaciones sociales, el sector privado, la academia y los actores políticos dieran continuidad al proceso apoyándose en el conocimiento ya acumulado, en vez de depender de forma permanente de una facilitación internacional externa.

Según se dio a conocer, el Enviado Especial estimó que aún no se daban las condiciones necesarias para instalar una mesa formal de alto nivel; sin embargo, reconoció un valioso conjunto de análisis, redes y capacidades sociales que podía aprovecharse para impulsar una agenda de diálogo desde el propio país. Esta perspectiva reforzaba la noción de que los procesos de consenso solo logran afianzarse cuando los actores locales asumen de manera activa la responsabilidad de darles continuidad.

La relevancia de una coordinación eficaz en los procesos de consenso

Los diálogos nacionales exigen articular sectores que manejan intereses, enfoques y prioridades diversas; por esa razón, junto con la mediación política, suele hacer falta un sustento técnico que ayude a estructurar la conversación, reconocer los asuntos esenciales y conservar activos los canales de comunicación.

En entornos de ese tipo, los perfiles con trayectoria en cooperación internacional suelen ofrecer un aporte clave en labores como ordenar y analizar información, facilitar espacios de diálogo y brindar apoyo metodológico; el trabajo realizado en El Salvador evidencia cómo la construcción de consensos depende tanto de decisiones políticas como de estructuras de respaldo que permitan llevar el proceso a la práctica.

Un caso ilustrativo de cambio institucional en América Latina

El caso salvadoreño permite ver cómo una iniciativa acompañada por Naciones Unidas puede evolucionar hacia un esquema donde la sociedad civil y otros actores nacionales asumen mayor responsabilidad. Más que un cierre, esta transición representó un cambio de fase: del impulso internacional inicial a una lógica de continuidad local basada en capacidades ya construidas.

Por Paula Arrieta