Netanyahu defiende un alto el fuego en Gaza, pero no acepta el fin de la guerra que exige Hamás | Internacional

Netanyahu defiende un alto el fuego en Gaza, pero no acepta el fin de la guerra que exige Hamás | Internacional

Mientras Israel sigue bombardeando Gaza día tras día, Hamás ha reivindicado el lanzamiento de varios proyectiles desde ese enclave este domingo sin causar víctimas mortales en territorio israelí, lo que ha servido para elevar más la tensión. Ha ocurrido al tiempo que las partes en guerra, impulsadas por los negociadores, tratan de lograr una tregua con contactos en Egipto y Qatar. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha dado a entender este domingo que defiende el alto el fuego en la Franja, algo que no es habitual en su dialéctica bélica, siempre que eso no altere los pilares fundamentales de su estrategia: acabar con Hamás y traer de vuelta, vivos o muertos, a los más de 100 rehenes que quedan en la Franja. El grupo palestino insiste en que soltar a los secuestrados debe implicar el fin de la contienda, a lo que el mandatario del Estado judío se niega.

También este domingo, el Gobierno de Israel ha decretado el cierre de la cadena catarí Al Jazeera tanto en lengua árabe como en inglés, una medida criticada por la ONU y numerosas organizaciones internacionales. Un grupo de agentes ha requisado sus equipos durante una redada en las oficinas del canal en la ocupada Jerusalén Este. Los equipos de reporteros siguen trabajando en Cisjordania y Gaza. Qatar acoge a la cúpula de Hamás y es una pieza clave en los contactos para conseguir un cese en las hostilidades.

El grupo fundamentalista palestino ha lanzado el ataque sobre una guarnición militar israelí en el paso fronterizo de Kerem Shalom, entre Israel y Rafah (sur de Gaza). El ejército no ha informado de víctimas mortales, aunque la prensa local habla de varios heridos, algunos militares. Los portavoces castrenses han mostrado lo que aseguran son imágenes del lanzamiento de cohetes desde la Franja y cómo sus aviones de combate han bombardeado poco después ese punto que sitúan cerca de Rafah. Esa respuesta causó, al menos, tres muertos, según fuentes sanitarias locales. Hamás afirma haber causado muertos en instalaciones militares con su ataque. Aparte de este incidente, los bombardeos del ejército, que ya han matado a más de 34.600 palestinos en el enclave, han seguido en las últimas horas, según el Ministerio de Sanidad, dependiente del Gobierno de Hamás.

El paso de Kerem Shalom, uno de los puntos por los que Israel permite que entre algo de ayuda humanitaria a Gaza, se cerró tras el ataque de este domingo, indicó el ejército. Justo al otro lado de ese punto se encuentra Rafah, la localidad meridional del enclave que acoge en torno a 1,5 millones de palestinos desplazados por la guerra y donde Israel asegura que va a llevar a cabo una operación terrestre para acabar con Hamás. El ministro de Defensa, Yoav Gallant, que ha visitado Gaza el domingo, insistió en esa idea. “Hamás rechaza cualquier plan para devolver a nuestros secuestrados y las implicaciones sobre el terreno serán claras”, dijo al tiempo que insistía en que “muy pronto” invadirán por tierra Rafah, según palabras publicadas en su perfil de la red social X (antes Twitter).

“Capitular ante las exigencias de Hamás sería una terrible derrota para el Estado de Israel”, ha señalado Netanyahu tras una reunión ministerial, en declaraciones facilitadas por su oficina. “Pero mientras Israel ha mostrado su voluntad, Hamás sigue atrincherado en posiciones extremas, sobre todo con la exigencia de acabar con la presencia de todas nuestras fuerzas de la Franja de Gaza, poner fin a la guerra y dejar a Hamás en el poder”, ha añadido.

Y ha subrayado: “Israel ha estado, y sigue estando, dispuesto a hacer una pausa en los combates para liberar a nuestros rehenes. Esto es lo que hicimos cuando liberamos a 124 rehenes [en noviembre] y reanudamos los combates, y esto es lo que estamos dispuestos a hacer hoy también”. Con esas declaraciones, deja claro que no aceptan la exigencia del fin de la guerra que reclama Hamás para liberar a los cautivos.

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Optimismo

En las últimas horas, el optimismo ante una tregua ha trascendido desde ambas partes, pero ese del fin de la contienda es precisamente el principal escollo que separa en las negociaciones al grupo fundamentalista palestino y al Estado judío. “Israel no puede aceptar eso”, pues, entiende el primer ministro, eso dejaría la puerta abierta a que Hamás siguiera “una y otra vez sus masacres, violaciones y secuestros”.

El máximo jefe político de Hamás, Ismail Haniya, ha afirmado por su parte que el grupo está interesado en alcanzar un alto el fuego integral que ponga fin a la “agresión” israelí, garantice la retirada de Israel de Gaza y logre un acuerdo serio de intercambio de cautivos, según un comunicado citado por la cadena catarí Al Jazeera. Haniya responsabiliza a Netanyahu, de “mantener la agresión y la expansión del círculo del conflicto y de sabotear los esfuerzos realizados a través de los mediadores y varias partes” para conseguir la tregua.

Precisamente el Gobierno de Israel ha cerrado ese canal, de momento, por 45 días ampliables, porque considera que está en juego la seguridad nacional amparándose en una nueva ley. Sus reporteros han sido en numerosas ocasiones víctimas de los ataques israelíes sobre Gaza, donde ya han muerto un centenar de periodistas o trabajadores de medios desde que comenzara la guerra el pasado 7 de octubre con el asesinato a manos de militantes de Hamás de unas 1.200 personas en territorio israelí, según datos oficiales. Al Jazeera ha sido un instrumento informativo esencial para contar la contienda en la Franja, donde Israel no permite el acceso a los medios de comunicación.

A las críticas de la ONU, cuya oficina de derechos humanos achaca la decisión a un intento de impedir llevar a cabo la cobertura de la guerra en Gaza, se suman las de organizaciones de periodistas como Reporteros Sin Fronteras (RSF), que lo considera una “medida represiva de censura”, o la asociación que agrupa en Israel y Palestina a los informadores extranjeros. Para Human Rights Watch (HRW) se trata de un “asalto a la libertad de prensa”.

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