Milei abre la puerta a las importaciones para bajar una inflación del 276,2% interanual

La inflación aminora el ritmo pero no da tregua en Argentina. Los precios aumentaron un 13,2% en febrero respecto a enero y un 276,2% en los últimos doce meses, según los datos oficiales publicados este martes. Los servicios de comunicaciones (24,7%), el transporte (21,6%) y vivienda, gas, luz y electricidad (20,2%) encabezaron los aumentos de febrero. Los incrementos en los dos últimos sectores están vinculados a la eliminación —en algunos casos total y en otros parcial— de los subsidios estatales a la factura energética de los hogares y a las empresas de transporte público. La medida fue decretada por el Gobierno de Javier Milei para sincerar los precios reales de la economía y eliminar el déficit fiscal, es decir, evitar que el Estado gaste más de lo que recauda.

Los alimentos aumentaron por debajo del promedio en febrero, un 11,9%, pero en el último año se han encarecido casi un 304% y han agravado la emergencia alimentaria en Argentina: al menos menos cinco millones de personas, en su mayoría niños, dependen de ayudas para no pasar hambre.

En medio de esta emergencia alimentaria, el Gobierno de Javier Milei liberó este martes la importación de productos básicos y anunció exenciones impositivas temporales para bajar la inflación. Entre los productos que tendrán facilidades para entrar al país figuran alimentos, medicamentos, bebidas, productos de limpieza e higiene personal.

El Gobierno ordenó acelerar el pago a los importadores (cobrarán a los 30 días en vez de a los 120) y suspender, por el plazo de 120 días, el cobro de la percepción de IVA adicional e impuesto a las ganancias.

El portavoz presidencial, Manuel Adorni, señaló que la medida “contribuirá a una mayor competencia y, en consecuencia, a una caída en la inflación y en el nivel de precio de estos productos”. Patatas, carne de cerdo, café, atún, insecticidas y pañalaes están en la lista de bienes que el Gobierno prevé que disminuyan su valor en las próximas semanas. En paralelo, el ministro de Economía, Luis Caputo, se ha reunido con representantes de los principales supermercados para intentar bajar precios que, considera, incrementaron “por encima de la expectativa de inflación”.

Mal crónico

La inflación es la principal preocupación de los argentinos y se ha convertido en un mal crónico que sucesivos gobiernos han prometido erradicar sin conseguirlo. El único que lo logró en los últimos 40 años fue el peronista liberal Carlos Menem (1989 – 1999) a través de un sistema de convertibilidad que ataba el peso al dólar y que se hizo añicos en medio de la crisis económica y social de 2002.

En diciembre, el primer mes de Javier Milei como presidente de Argentina, los precios dieron el salto brusco de las últimas tres décadas, al aumentar un 25,2% tras la devaluación oficial del peso a la mitad. En enero, la inflación mensual fue del 20,6% y este febrero, del 13,2%. El Gobierno prevé que en un par de meses más, los incrementos mensuales serán de una cifra y atribuye la desaceleración al éxito de la terapia de choque contra el déficit aplicada en los últimos tres meses.

La contracara de esa terapia —que ha consistido en el freno de la emisión monetaria y del gasto estatal— es la caída de la actividad económica y el derrumbe del consumo. Argentina cerró 2023 con un descenso del PIB del 1,6% y el Fondo Monetario Internacional prevé que este año el retroceso sea del 2,8%. En ese contexto recesivo y de alta inflación, los trabajadores formales han perdido casi un 25% de poder de compra en el arranque del año —los informales aún más— y el recorte de las jubilaciones supera el 30%. De acuerdo a los últimos datos oficiales, a mitad de 2023 cuatro de cada diez argentinos era pobre. La pobreza ha crecido desde entonces en todo el país, y según la proyección del Observatorio de la deuda social de la Universidad Católica Argentina se acercó al 60% en enero.

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