Keira Walsh, el ancla invisible en el mediocampo azulgrana | Fútbol | Deportes

“Ojalá yo hubiese jugado al fútbol como juega ella”, confiesa Jonatan Giráldez, entrenador del club azulgrana, a EL PAÍS sobre Keira Walsh, jugadora de su equipo desde que llegó en verano de 2022. Lo hizo en el último momento, y con una presión extra: ser, por entonces, el fichaje más caro del fútbol femenino por 400.000 euros. Lo hizo, además, para cubrir la baja de Alexia Putellas tras su lesión de ligamentos cruzados. Aterrizó entre el ruido mediático que no le caracteriza ni define. Si Caroline Graham Hansen es silenciosa, Walsh es prácticamente invisible. “La personalidad también va con la posición: no queremos ser estrellas del espectáculo”, confesó en una entrevista a The Guardian la centrocampista defensiva. No por ello es menos clave. Al contrario. “Keira es fundamental. Entiende con tres palabras lo que tiene que hacer. Es súper inteligente, pero también buena persona”, confiesa Giráldez.

Una futbolista sencilla de Rochdale que salió por primera vez de Mánchester y del City, que la vio crecer. De aspecto tímido, pero bromista en el vestuario. Saltó de no salir de su ciudad al club más mediático y llegó por su ambición de querer más. Quería ligas, Champions y jugar con las mejores. Lo logró en Barcelona, donde se acomodó en verano de 2022. Aterrizó el último día de mercado, y no hizo pretemporada. Venía de ganar la Eurocopa con Inglaterra, su selección, y ser MVP de la final del torneo.

Su llegada al Barça sorprendió. Por un lado, impactó el precio. Por otro, vino para ocupar la ausencia que dejó Putellas, pero no su posición de interior. Los planes eran otros, y fue Giráldez quien tuvo claro que la apuesta era Walsh. “Desde la lesión de Alexia, la gente decía que teníamos que fichar a una interior. Pero en aquel entonces decidimos qué era lo mejor para el equipo, y tras varias opciones planteadas en base al mercado, para mí Keira era la jugadora que nos podía hacer mejorar”, argumenta.

A ella le impactó el nivel físico y la intensidad de entrenamientos. Se fue adaptando poco a poco, pese a los problemas con el idioma, que se solucionaron con el apoyo de sus compañeras. “Vino de otro país y se ha adaptado de una manera histórica”, confiesa Giráldez. El fútbol español, desde bien pequeña, influyó en su juego. Su padre le ponía los partidos del Barcelona de Guardiola, y le decía que se fijase en Busquets. Ahora comparte el centro del campo con Aitana, a quien antes le daba vergüenza pedirle una camiseta. Ahora es una con las que mejor se entiende sobre el campo, al igual que con Patri Guijarro, la tercera centrocampista del eje azulgrana. “Su manera de entender el fútbol es de las mejores del mundo. Cuando recibo el balón y las busco es mucho más fácil. Jugar con ellas me hace mejorar mucho”, confesó el año pasado Walsh a Mundo Deportivo.

“Para mí, Patri es la mejor jugadora del mundo, y nadie habla de ella”, aseguró a The Guardian. “Estoy deseando jugar con ella cuando vuelva”, confesó a Sport sobre Alexia. La realidad es que cuando la capitana azulgrana regresó, se quedó en el banquillo. El hueco de interior pasó a ocuparlo Guijarro, y la titularidad como pivote transitó entre ella y Keira. El tridente en el centro del campo con Keira, Aitana y Patri estaba más que consolidado. “Sabía que ella, más Patri con otro rol y en función de su adaptación, nos podía mejorar como equipo. Creo que fue una de las decisiones más acertadas que he podido tener”, explica Giráldez. Y recuerda la final de la Champions del año pasado en Eindhoven: “Patri marcó, y no hay nada que te reconforte más que una mediocentro pase a jugar de interior y marque dos goles en la Champions”.

Desde su llegada en 2022, Keira Walsh ha jugado 75 partidos —38 en la primera temporada, 37 en la segunda—, además de anotar un gol el pasado curso y dos asistencias, y dos dianas y cuatro pases de gol este año. Su contrato con el Barcelona termina el año que viene. El trabajo de Keira se efectúa en la sombra. En la final de la Champions contra el Lyon este sábado será fundamental. Keira no conoce la derrota contra las francesas en una final de la máxima competición continental como azulgrana. Este sábado, su ojo indudable para el pase será clave, y volverá a ser el ancla que coordina y dirige, en silencio, al equipo.

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